La doctrina del peligro atrayente

Por Rolando Emmanuelli Jiménez, J.D., LL.M.

rolando@bufete-emmanuelli.com

El artículo 1802 del Código Civil establece que: "el que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado".

Este precepto involucra dos actuaciones, la acción y la omisión. Bajo la segunda situación, la omisión, el Tribunal Supremo de Puerto Rico ha adoptado una doctrina dirigida particularmente a la responsabilidad en daños y perjuicios de una persona cuando mantiene en un lugar una condición peligrosa la cual es atractiva para los niños y niñas, y no toma ningún tipo de precaución para evitar que tengan acceso al lugar. Esta doctrina se conoce como la doctrina del Peligro Atrayente. El fundamento u objetivo de la doctrina es hacer todo lo posible por proteger a las personas menores de edad de situaciones o cosas ubicadas en lugares que puedan constituir una atracción peligrosa para ellos.

La jurisprudencia ha determinado que las piscinas, los canales de riego, los lagos artificiales, las maquinarias, entre otras cosas, podrían constituir condiciones peligrosas que son atractivas para una niña o niño.

Los tribunales han preparado unas guías para fijar responsabilidad al dueño de una condición peligrosa atractiva a las personas menores de edad.

Un poseedor o propietario son responsables de daños corporales recibidos por niñas o niños que entran sin permiso en su propiedad, causados por una estructura u otra condición artificial que mantenga en el terreno, si:

1. El lugar donde se mantiene la condición es uno que le consta al poseedor o propietario o que le deben constar que está sujeto a transgresión por las niñas o niños; y

2. La condición es una respecto de la cual el poseedor o propietario saben o deben saber y comprenden o deben comprender que involucra un riesgo irrazonable de muerte o grave daño corporal para tales niñas o niños; y

3. Las niñas o niños, debido a su edad, no descubren la condición o no comprenden el riesgo involucrado al intervenir con ella o al invadir el área que se tornó peligrosa debido a tal condición; y

4. La utilidad que recibe el poseedor o el dueño proveniente del mantenimiento de tal condición resulta pequeña si se comprara con el riesgo que implica para las niñas y niños; y

5. El dueño o el poseedor omiten ejercitar el cuidado razonable para eliminar el peligro o de otra forma protegerlos.

Los preceptos de esta doctrina no requieren que la persona menor de edad tenga una edad cronológica en particular. Se debe considerar la inteligencia, experiencia y conocimiento de la persona afectada tomando en consideración su capacidad para apreciar o percibir el peligro. Se le deben atribuir a la persona menor de edad rasgos de ingenuidad, inmadurez y poco juicio que le impiden conocer el peligro al que se está exponiendo. Hay que recordar que cada caso se resolverá dependiendo de sus hechos y circunstancias particulares, y ninguna regla estricta o inmutable puede basarse únicamente en la edad. El grado o la medida de la obligación de cuidado en cada caso habrá de determinarlo la capacidad que corrientemente posean y utilicen las personas de la edad y desarrollo de la clase a la que pertenece la niña o niño afectado. 

Para determinar si una persona es responsable o no del daño causado por una condición peligrosa se debe tomar en consideración si la persona demandada tomó las precauciones adecuadas para notificar o advertir sobre las posibles consecuencias de la entrada no autorizada de personas al lugar donde se encuentra la condición peligrosa indicando los riesgos y los daños a los cuales la persona estaría expuesta. Por eso es importante que el dueño o encargado de un lugar donde hay una condición peligrosa que pueda ser atractiva a una niña o niño y que constituya una trampa u ofrece un peligro claro y patente, debe asegurarse de colocar, por ejemplo, vallas, verjas, avisos, rótulos, etc., para indicar los riesgos a los que se expone el que entra a dicho lugar. Si luego de tomar estas medidas de seguridad, son vandalizadas o destruidas, debe tomar acción rápida y repararlas para así evitar un posible accidente que le pueda causar daño a una niña o niño. Además, debe considerar si los alrededores del lugar donde está localizada la condición peligrosa están cerca de poblados, carreteras, o escuelas, o si se utilizan como área recreativa. El dueño o encargado debe conocer o razonablemente debería conocer ese hecho, y así tomar las medidas de seguridad adecuada para evitar la entrada a estas áreas donde existen peligros atrayentes. 

Si la persona dueña o encargada del predio o lugar ha cumplido con todos estos requisitos y no ha incurrido en ningún tipo de negligencia, no será responsable por los hechos que den lugar a una reclamación en la que se invoque esta doctrina.