La evaluación judicial de los accidentes de auto

Por Rolando Emmanuelli Jiménez, J.D., LL.M.

rolando@bufete-emmanuelli.com

Como hemos mencionado, el que causa daños a otra persona, interviniendo culpa y negligencia, tiene el deber de indemnizar. En materia de la responsabilidad por los daños ocasionados mientras conducimos un vehículo de motor, nuestras actuaciones habrán de ser juzgadas a tenor con lo que haría la mítica persona razonablemente prudente. 

Esta persona es una ficción jurídica por la cual somos juzgados a la hora de analizar responsabilidad por daños y perjuicios. Es lo que conocemos como la buena madre o el buen padre de familia. Son aquellos que antes de encender y dar marcha a su auto, caminan alrededor para asegurarse de que no hay niños, niñas, ni obstáculos a su alrededor. Son los que tocan la bocina del auto cuando da marcha hacia atrás y que al ver niños o niñas en una acera detienen su vehículo hasta que éstos se alejen. 

En materia de daños ocasionados por accidentes automovilísticos, el tribunal va a determinar qué hubiera hecho, dentro de la circunstancias del caso, la persona prudente y razonable, para determinar si fuimos negligentes, y por ende, responsables del accidente.

Para hacer una determinación sobre negligencia se deben tomar en cuenta todas las circunstancias del caso. Es decir, condiciones de la persona conductora, condiciones ambientales, el estado del vehículo, la conducta de la persona perjudicada, la velocidad, el tipo de carretera, etc. El tribunal debe determinar cuál debió ser la conducta de la persona al volante. Es decir, qué medidas de precaución debieron tomarse para evitar el accidente. Lo importante es que estas medidas fueran razonables al momento de los hechos. No debe imponerse responsabilidad a base de medidas que no estaban disponibles al momento del accidente. 

Para que se determine el deber de indemnizar, es fundamental que se establezca que existe relación de causa y efecto entre la acciones u omisiones negligentes y los daños sufridos. Por ejemplo, si la persona conductora no tiene licencia, y tuvo un accidente, no se le puede hacer responsable por el único criterio de haber violado la ley al conducir sin autorización. Tiene que probarse un acto u omisión culposo o negligente que sea la causa eficiente del accidente. Por ejemplo, exceso de velocidad, falta de pericia, conducir distraído, etc.

En cuanto a la responsabilidad por nuestros vehículos de motor existe una presunción de que la persona en cuyo nombre aparece registrado un vehículo de motor, es el dueño y por lo tanto, es responsable de todos los daños que su vehículo pueda ocasionar. A tales efectos se entiende que una vez la persona dueña de un vehículo concede la posesión a otra persona, el dueño viene obligado a responder por los daños que pueda causar la otra persona con el automóvil. Esto independientemente de que el que lo conduzca no sea la persona que se autorizó. Este hecho es importante y se puede levantar en una acción contra la persona que sí fue autorizada a utilizar el vehículo, pero esta defensa no puede invocarse contra la parte tercera perjudicada que reclama. Es decir, y a manera de ejemplo, si "A" presta su automóvil a su vecino "B" para que haga una diligencia y "B" decide irse a pasear en el vehículo y cede el volante a su amigo "C", el cual provoca un accidente, en este caso "A" vendría obligado a responder de todos los daños que surjan como consecuencia de los actos negligentes de "C", aún cuando no fue autorizado personalmente por "A" para conducir el vehículo. “A” podría reclamar a “B” y “C” lo que pagó por los daños en exceso de su responsabilidad ejerciendo el derecho a nivelación.

También se es responsable en Puerto Rico de los daños que resulten de desperfectos mecánicos en la operación de un automóvil. La persona prudente y razonable de nuestra jurisprudencia ejercita un cuidado en el mantenimiento de su vehículo, lo cual le permite descubrir defectos y averías que no permitirían su operación dentro de un marco de seguridad razonable. Esto implica que se ha de responder por los daños provocados por un accidente producto de que nuestro vehículo se haya quedado sin frenos por falta de mantenimiento o que una rueda haya explotado por no estar debidamente inflada.