Los daños y perjuicios que son compensables

Por Rolando Emmanuelli Jiménez, J.D., LL.M.

rolando@bufete-emmanuelli.com

La responsabilidad extracontractual es aquella que surge de los actos de la vida cotidiana, no de las obligaciones contractuales. El Artículo 1802 del Código Civil de Puerto Rico dispone tres elementos esenciales para establecer la responsabilidad extracontractual. Estos tres elementos son la culpa o negligencia, el daño y la relación causal entre el daño sufrido y la culpa o negligencia de una parte actora. Si se prueban estos tres elementos, la parte causante está obligada a reparar el daño causado. Si la persona perjudicada contribuyó al daño se reducirá la indemnización en el por ciento proporcional que determine el tribunal.

De ordinario, hay dos formas de compensar los daños. Estas son la reparación específica o "in natura", que significa devolver a la persona perjudicada a su estado original antes del daño, y la compensación en dinero, que debe ser otorgada cuando no es posible la reparación "in natura". Ambas pueden ocurrir por separado o en una combinación razonable. No obstante, la reparación económica es la más utilizada en nuestros tribunales por lo difícil que resulta la implantación de la reparación específica o "in natura".

Cuando hablamos de daños compensatorios nos referimos a aquellas partidas de daños que se conceden en los tribunales con el propósito de devolver lo mejor posible a la parte demandante a su condición existente antes del daño. Dentro de esta categoría de daños se cubren todas las pérdidas que la demandante sufrió como consecuencia del acto culposo o negligente. 

En nuestro ordenamiento jurídico existen las siguientes clases de daños compensatorios: 

(1) Lucro emergente: Esta es una partida de daños que va dirigida a compensar por el dinero que ha dejado de producir o aquellos gastos económicos que ha sufrido una persona desde que sucedió el acto culposo o negligente, hasta el día en que se dicte sentencia. Es decir, es una partida de daños cuantitativa. Como ejemplo, podríamos hablar de un obrero que ganaba cien dólares semanales y que como producto de un accidente automovilístico no pudo trabajar por diez semanas, lo que le da el derecho a reclamar mil dólares por lucro emergente.

(2) Lucro cesante: Esta es una partida de daños más especulativa que va dirigida a compensar una ganancia futura frustrada, ya bien porque la parte afectada murió y obviamente no generará más ingresos por lo que sus dependientes pueden reclamar esta pérdida; o bien porque como a consecuencia del acto culposo o negligente, ha quedado incapacitada total o parcialmente. El cómputo de esta partida de daños se hace a partir del día en que se dicta sentencia. Un ejemplo de lucro cesante podría ser el obrero del pasado ejemplo que no podría volver a trabajar, lo que conllevaría que él pueda reclamar por esos ingresos futuros que generaba y que ahora no podrá generar.

En este ejemplo el obrero recibirá compensación por lucro emergente por lo dejado de recibir desde el accidente hasta la fecha en que se dictó la sentencia y lucro cesante calculado desde la sentencia hasta su expectativa máxima de vida productiva.

Los cálculos para computar el lucro cesante son mucho más complejos que el lucro emergente, pues no sólo hay que demostrar experiencia previa de ingresos, sino que también hay que tomar en cuenta la edad, el estado de salud, la expectativa de vida natural de la persona, su expectativa de vida útil y el incremento anual promedio de los salarios, entre otros factores. El resultado de estos cómputos se reducirá al valor presente, de forma tal que si esa cantidad de dinero se deposita en un banco a un por ciento determinado de interés, por el término de la vida útil de la parte perjudicada, se obtendrá el dinero que iba a generar con su trabajo. En casos cuando la parte reclamante de lucro cesante es una dependiente económica de la víctima, hay que deducir una porción significativa del total correspondiente a la que la víctima hubiese utilizado para su manutención.

(3) El menoscabo del potencial de generar ingresos: Este tipo de compensación de daños es una altamente especulativa, pues lo que se está identificando es un potencial de generar ingresos, no una pérdida económica. La jurisprudencia sobre este tipo de partida de daños ha girado alrededor del potencial de generar ingresos de menores de edad, quienes obviamente no tienen experiencia de empleo, pero que a base de criterios de probabilidad se puede identificar ese potencial. 

Para estimar ese potencial de generar ingresos, los tribunales deben tomar en consideración, entre muchos otros factores el núcleo familiar, la estabilidad del hogar, edad, salud física y mental, inteligencia, educación alcanzada, disposición para los estudios, hábitos de estudio, talentos, etc. No obstante lo anterior, nada impide que este tipo de daños pueda ser utilizado para compensar a mayores de edad, como por ejemplo a un estudiante de último año de medicina de alto promedio académico y con una expectativa de éxito profesional y económico importante.

(4) Los daños morales: Estos daños van dirigidos a compensar a la víctima por las angustias y sufrimientos mentales que el acto culposo o negligente haya podido generar. No obstante, este tipo de daño no es una puerta abierta para reclamar angustias y sufrimientos mentales por cualquier daño. Debemos dejar claro que en Puerto Rico generalmente no se conceden daños morales por las pérdidas materiales.

La angustia y el sufrimiento mental que acarrea esta partida de daños va más allá de la mera pena pasajera y por el contrario ésta debe ser una profunda. El Tribunal Supremo de Puerto Rico ha determinado que para la concesión de este tipo de daños es determinante la edad y el estado de salud de la parte reclamante. 

Es importante aclarar que si bien es cierto que las personas que incurren en un acto culposo o negligente deben responder de los daños que causan, también es cierto que las personas perjudicados tienen la obligación de mitigar o reducir el daño. La doctrina de mitigación de daños expone que la parte demandada no responderá de lo que la demandante pudo haber mitigado o reducido. Obviamente, esto implica que si la demandante no tiene los medios para mitigar, no se le podrá plantear como defensa que no mitigó el daño. 

Cuando nos referimos a tratamientos médicos, la aplicación de esta doctrina de mitigación de daños va a depender de la seguridad o el riesgo que envuelve el tratamiento. Es decir, que si por habernos negado a ponernos un yeso resultamos con una cojera, entonces la parte demandada no respondería por la cojera. Por el contrario, si la cojera es producto de habernos negado a someternos a una operación de la espina dorsal que conlleva el riesgo de quedar en peor estado, entonces la demandada será responsable de la cojera resultante. En resumen, la mitigación de daños gira alrededor de la obligación de la parte demandante de reducir el daño en la medida que tenga los medios y la oportunidad razonable para hacerlo.

Por otro lado, hay daños que no se conceden por los tribunales del Estado Libre Asociado de Puerto Rico a no ser que exista una ley especial. Estos son los daños punitivos y los daños nominales. Los daños punitivos son aquellos que se utilizan para dar un escarmiento a la parte infractora por una conducta temeraria altamente negligente, es decir, una conducta que va más allá de la mera negligencia. Aún cuando como norma general no se concede este tipo de daño en nuestros tribunales, sí hay ciertas excepciones mediante leyes especiales. Como por ejemplo, la Ley de Monopolios, que ofrece como remedio el triple del valor del daño, o la Ley 100 del 30 de junio de 1959, Ley Antidiscrimen en el Empleo, que ofrece como remedio el doble del valor del daño. 

El daño nominal es una partida de daños insignificante que se concede más bien con el propósito de establecer que la parte demandada actuó de forma negligente, pero que la demandante no pudo demostrar el daño. Es una manera simbólica de reconocer que la demandada actuó negligentemente. Un ejemplo de esto podría ser aquél que entra en una residencia sin autorización pero por donde entró salió, sin ocasionar daño alguno a la propiedad o a las personas. Bajo este tipo de partida de daños se le podrían imponer el pago de una compensación nominal de cinco dólares como para dejar saber que no debió haber entrado. En Puerto Rico este tipo de conducta sin consecuencias no se compensa.

Por último, debe aclararse que el hecho de que la conducta produzca o no ocasione daños compensables, no impide que se procese a la persona causante del daño por los delitos penales que haya cometido. Bajo el ejemplo anterior, la entrada ilegal no conllevará compensación monetaria, pero podría dar base a una acusación por la entrada no autorizada a la residencia.